Con este post abro una serie de escritos y comentarios a lecturas con los que quiero homenajear, desde ahora hasta julio del 2019, el 50 aniversario de la misión Apollo XI y la llegada del hombre a la Luna. Comencemos por un clásico, una lectura que creo interesante para afrontar esta efeméride.

En 1865 Julio Verne publicó De la Tierra a la Luna. En este libro. el presidente del Gun-Club, el señor Barbicane, propone enviar un proyectil a la Luna. Y para resolver dudas, se pone en contacto con el Observatorio de Cambridge (Massachussets), y les plantea una serie de preguntas. La primera: Est-il possible d’envoyer un projectile dans la Lune?.

En el capítulol IV tenemos la respuesta de Cambridge:

Oui, il est possible d’envoyer un projectile dans la Lune, si l’on parvient à animer ce projectile d’une vitesse initiale de douze mille yards par seconde.

Vamos a repasar de donde sale este valor.

Para calcular la velocidad de escape, la velocidad que hemos de imprimir al coete será aquélla que venza todo el campo gravitatorio de la Tierra, que irá disminuyendo a medida que el proyectil vaya subiendo. La energía gravitatoria o potencial que hemos de vencer es la diferencia entre la energía potencial en la superficie de la Tierra, menos la energía potencial fuera del campo gravitatorio (en el infinito) que valdrá 0. Y esta energía potencial que hemos de superar tiene que ser igual que la energía cinética que tenemos que imprimir (conservación de la energía). Ver la imagen con las fórmulas.

Por tanto, la velocidad de escape no depende de la masa del proyectil, y tampoco depende de la dirección de lanzamiento, como hemos visto haciendo un razonamiento puramente energético.

La velocidad de escape de la Tierra es pues ve = sqrt(2 x 9,81 x 6371000) = 11180 m/s = 11,2Km/s = 40320 Km/h. Y como una yarda son 1 yd = 0.9144 m, ve = 12226 yd/s, que es precisamente la velocidad que se comenta en el libro.

Me ha parecido que este sencillo cálculo es una buena manera de empezar este homenaje a los hombres que pisaron la luna el 20 de julio de 1968, y a los científicos e ingenieros que lo hicieron posible.

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